El paisaje sigue vivo
A pesar de la tragedia ocurrida, los valores del paisaje cultural siguen vivos. 

No nos referimos al patrimonio arqueológico y los santuarios de montaña, como Risco Caído, el Bentayga, Cueva Caballero, Candiles, Acusa Seca o Cuevas del Rey, que no se han visto afectados según pudimos comprobar sobre el terreno. Nos referimos al paisaje humanizado, el que forma parte de la identidad de este pueblo, que ha sobrevivido hasta hoy y que llamó la atención a la UNESCO y a los expertos internacionales.

Y es duro decir esto después de visitar ese territorio, y ver su piel ennegrecida, dañados sus pinares, como Tamadaba, que habitan en nuestro corazón, cuando ves aguilillas revoloteando un paisaje desconocido, y cuando pensamos en especies que hicieron en esa cumbre su hábitat exclusivo. Y, sobre todo, ver el alma de ese paisaje, cuando recorres fincas y bocados cubiertos de cenizas, laderas carbonizadas y ese hermoso camino que te lleva a Risco Caído, antes lleno de flores y árboles frutales, y ahora convertido en un cementerio de palos ennegrecidos. Y piensas en el tremendo trabajo de las mujeres y hombres que hicieron ese paisaje que fue declarado Patrimonio Mundial. Personas que mientras se abandonaba el campo y se acumulaba biomasa y olvido, mantenían pequeños cultivos, cuyos beneficios dependen de una injusta competencia.

Estos días, los merecidos héroes fueron quienes se jugaron la vida para apagar el incendio. La marea humana en las Canteras, demuestra que el alma de este pueblo sigue viva. Pero ya es después, y a quien hay que agradecer y ayudar ahora es a quienes perdieron sus medios de subsistencia, fincas, animales, mangueras de riego, maquinaria agrícola y que han mantenido vivo ese territorio. Un paisaje vivo también en los saberes de Marquitos, Juan Cubas, Cleto o Carmela, y en gente joven como las pastoras Natalia y Beatriz, que vieron allí una forma de vida, o Tania y Francisco en Galeote que con su finca hacían  posible el campo. El incendio se la quemó, que no les queme la esperanza.

Toca potenciar el relevo generacional, con iniciativas como la escuela de pastores, las papas, la cebada, el queso y el vino de la cumbre y medianías, la loza de María, el pan, el gofio, el ganado trashumante, los dulces, los pequeños hoteles, bares y restaurantes, las casas cuevas, los telares, las rutas guiadas, los museos y centros de interpretación.

Hemos comprobado estos días las virtudes de algunas de las creaciones de este pueblo y que son atributos del patrimonio mundial. La cultura de la cueva, ha hecho que este desastre no sea mucho más trágico. La casi totalidad de los pueblos que afectó el fuego, salvaron viviendas, estanques o alpendres por estar excavados en la roca. El secreto está en un viejo oficio de esta isla, mantenido por personas como Rubén. Vecinos del Espinillos y el Roque coincidían en los beneficios de la trashumancia, las vueltas de ganado y personas como Pepe el de Pavón, contra el fuego. Todos esos saberes siguen vivos y hay que potenciarlos. Saberes que hunden sus raíces en un territorio que ha padecido sequías, incendios e injustas formas de explotación. El hambre lo despobló, como nos cuenta Yeray Rodríguez, hijo de esa cumbre, en Barranco Abajo.

La declaración como patrimonio mundial no debe ser sólo un reconocimiento, debe ser  un recurso que ayude a a reconstruir ese hermoso paisaje cultural. La UNESCO va a ayudar, el Ministerio, el Gobierno de Canarias, los Ayuntamientos como ya vienen haciendo, y el Cabildo a quien toca la responsabilidad de coordinar este viaje, lo antes posible, a ese futuro paisaje que ya tuvimos. Toca arrimar el hombro, hacer una gran pionada, para legar esta herencia a quienes acaban de venir. Toca reflexionar, revisar, pero sobre todo trabajar hacia un futuro más seguro y sostenible.

Patrimonio Mundial y la Reserva de la Biosfera, estábamos trabajando en la creación de una fundación para gestionar ese paisaje. Estábamos elaborando un plan prioritario de apoyo al sector primario, un Plan Integral participativo a largo plazo, la adaptación del planeamiento sin cargas para los vecinos y en la definición de un modelo turístico para la zona que evitara la masificación. Pero llegó el fuego, ese que nos visitará con más frecuencia si no evitamos que la avaricia siga calentando nuestro clima.

Caminando este paisaje desolado, pudimos sentir el territorio, sus criaturas menudas, sus pequeños rincones que a veces sobreviven entre el fuego, un berol, un pequeño tajinaste, un conejo corriendo entre la ceniza, un alpendre con la paja sin quemar. Y vimos la necesidad de dejarlo vivir con respeto para que no sufra presiones innecesarias. Se trata de replantear nuestros hábitos: Consumo de kilómetro cero, comprar productos locales, luchar contra la crisis climática, contra un consumismo desaforado. Hay que aprender a disfrutar de lo que tenemos cerca. La curiosidad de un millón de personas en apenas 1500 kilómetros cuadrados, puede colapsar las cosas que más amamos. Es conveniente sabernos guiar por nuestra consciencia y no sólo por reclamos publicitarios. De hecho, muchos paisajes patrimonio mundial, corren el riesgo de morir de éxito.

Hay que potenciar la vuelta al campo, pero mejorando los servicios, recuperando las cuevas de los abuelos, pero no instalando bungalows en la cumbre sino potenciando un turismo ligado a lo local. Hemos visto estos días un impresionante paisaje agrícola oculto en la maleza. Los bancales pese a las cenizas están vivos, hay que intentar que no vuelvan a abandonarse, el terreno está vivo, pero hay que decidir cómo recuperarlo. En la reflexión, en los debates y en las acciones, está el escenario de estos años que vienen.

El Cabildo como responsable de la gestión y conservación del patrimonio mundial, consciente de lo ocurrido, ha manifestado su compromiso de dar una respuesta decidida, adecuada y rigurosa para reconstruir no sólo un territorio, unos valores culturales y naturales únicos, sino el futuro y la dignidad de quienes han hecho posible tan alto reconocimiento. Para que dentro de poco nadie se olvide de este territorio ennegrecido y de su gente, tenemos que hacer que este drama no sea un algo pasajero. Para ello impulsaremos una campaña permanente, medible, evaluable. Si fuimos capaces de hacer, en apenas cuatro años, que este paisaje cultural fuera declarado patrimonio mundial, tenemos que ser capaces, también, de recuperarlo de las cenizas.

 

José de León Hernández. Coordinador del paisaje cultural Risco Caído y las Montañas sagradas de Gran Canaria- Patrimonio Mundial