Un Paisaje Mundial para todos

El “Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria”, declarado Patrimonio Mundial el 7 de julio de 2019, en la 43º sesión del Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO, está ubicado en el centro montañoso de Gran Canaria, denominado "la Cumbre"

Ocupa casi en su totalidad la colosal cuenca de Tejeda, el macizo de Tamadaba y una parte del cauce de Barranco Hondo, entre cuyos límites se encuentran los municipios de Tejeda, Artenara, Agaete y Gáldar.

Este territorio de 18 mil hectáreas posee una geodiversidad y una biodiversidad extremadamente singulares. Entre riscos y barrancos se aprecia con clara nitidez la compleja historia geológica de la isla a lo largo de los últimos 14 millones de años, y  una riqueza natural que ha sido declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2007, compartiendo esta reserva y el paisaje cultural buena parte de sus territorios.

La singularidad de esta extraordinaria geomorfología y biogeografía cobra protagonismo en dicho territorio en la relación entre dos grandes  momentos históricos que han dejado una profunda huella a lo largo de dos milenios, sobre todo el ocupado por las poblaciones aborígenes, de origen amazigh o bereber norteafricano, que alcanza como sociedad hasta el siglo XV y que aún mantiene vivos muchos elementos de su cultura. Tras la conquista se instala una cultura preferentemente europea, aportada por los nuevos colonos, si bien es notoria la presencia de importantes contingentes humanos supervivientes de la población aborigen como de población norteafricana traída como mano de obra tras dicha conquista. De esa amalgama de pueblos y culturas es heredera la sociedad canaria actual.  

Los paisajes construidos, pensados y sentidos por los canario-amazighes tienen una relación directa con los espacios sagrados de montaña, donde residen formas especialmente sofisticadas de dominación simbólica. En ellos, el espacio humanizado se da la mano con una naturaleza idolatrada para relacionar la percepción y la acción, lo ideal y lo material, lo sacro y lo profano.

Este territorio lo constituyen diferentes manifestaciones culturales de las antiguas poblaciones de la isla, desde cuevas artificiales pintadas hasta grabados de triángulos púbicos e inscripciones alfabéticas líbico-bereberes, como se observa en distintos yacimientos arqueológicos, como Risco Caído, el Roque Bentayga, la Cueva de las Estrellas, la Cueva Candiles, etc.

El Paisaje Cultural encarna así un espacio o territorio salpicado de enclaves de ocupación humana ancestral, cada uno único, pero dotados del denominador común del hábitat en cuevas, naturales y especialmente artificiales. A través de una excepcional tradición en el uso de las cuevas para muchas de las funciones de la existencia, desde la misma vida hasta el reposo eterno.

En relación con esta población ancestral, quienes llegaron con posterioridad a habitar el Paisaje Cultural supieron aprender y aprovechar técnicas, costumbres y comportamientos que eran perfectos para el aprovechamiento de los ecosistemas de la isla, aprendidos de aquellos que mejor los conocían. El propio hábitat troglodita, las prácticas agrícolas idóneas para terrenos escarpados y escasos en suelos cultivables, las rutas de la trashumancia ganadera, la toponimia, el uso de la flora autóctona, las técnicas para la elaboración de la cerámica e incluso una cierta concepción y percepción del cielo más allá de lo estrictamente físico, son solo algunos ejemplos de cómo las antiguas poblaciones canarias continúan estando presentes en el que probablemente fue su espacio más sagrado.

Finalmente, el Paisaje Cultural no puede ser desligado del cielo, territorio inseparable de la tierra. El firmamento es el escenario en el que se desarrollan acontecimientos y eventos relevantes. La estadística de las implicaciones astronómicas claramente apunta a una intencionalidad en las relaciones con el cielo descubiertas hasta ahora. Todos estos argumentos sugieren que el seguimiento de la trayectoria de los cuerpos celestes jugó un factor importante tanto en la erección como en el propósito de muchos santuarios prehispánicos. El carácter espectacular de algunas de las hierofanías producidas por la entrada de la luz del sol y la luna en la cueva 6 del conjunto de Risco Caído y la existencia de una gran cantidad de manifestaciones de grabados púbicos en esta y otras cuevas, nos sugiere un desarrollo muy complejo del mundo simbólico y espiritual de aquella población.

De este modo, el “Paisaje Cultural Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria” se articula en torno a diferentes ejes que le han valido este reconocimiento: una geología volcánica singular, una biodiversidad vibrante, un paisaje vivo que conjuga diferentes culturas, y un relato del tiempo grabado en las paredes y en el cielo. Se trata de un patrimonio excepcional que expresa un proceso cultural único e irrepetible que se muestra en un escenario insular poco alterado a lo largo de los siglos